Y usted mijo? Ha pasado siete años en la Universidad y aún no para ni un poste...
- 5 jun 2015
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Imagínese que nace en la Francia del siglo XIV. Imagínse también que, debido a una gran sed de conocimiento, usted desea saber la razón de las cosas. Estudiar el movimiento de los elementos, su composición y otras características del mundo es lo que lo motiva. Se sorprende cada vez que va a misa y observa los altos muros, las elegantes bóvedas y los bellos vitrales de las iglesias. Maravillado se pregunta: ¿Cómo edificaran estos bellos edificios?
Pareciera claro que usted desea estudiar alguna ciencia, algo que tenga que ver con el funcionamiento del mundo, quizás; y me aventuro en esta parte; usted consideraría entrar a estudiar ingeniería civil. Sin embargo, algo como dicha carrera no existe en su tiempo. Desesperanzado por no poder entender el por qué de estas edificaciones considera terminar con su vida. Se dirige al campanario de la iglesia más alta del reino, se prepara para saltar, y cuando todo parece haber terminado por usted, un singular personaje aparece. Desde lo alto de un andamio colgando en el techo se dirije a usted un sujeto con un cincel en la diestra y un martillo a siniestra. Sorprendido por el inminete pecado a cometer, le ruega que baje inmediatamente. Usted, extasiado ante la posibilidad de la muerte, rechaza el ofrecimiento y declama con furia el por qué de su situación. Esperanzado, el personaje se acerca y le ofrece ayuda. Dice: "Soy albañil y maestro constructor de Chartres y os puedo enseñar mi oficio"

Una situación así puede haberle ocurrido a cualquiera. Uno de los antecendentes directos de la Ingeniería Civil Estructural, provienen del conocimiento práctico obtenido durante centurias por los albañiles y constructores de las bellas catedrales góticas que pueblan Europa. La construcción y levantamiento de la obra, tal cual lo es hoy en día, requería de un estudio bastante complicado y con pocas herramientas científicas para su desarrollo. Pese a todos estos inconvenientes, los constructores desarrollaron sistemas estructurales efiecientes que aún hoy aguantan el paso del tiempo.

Un ejemplo clásico del estilo gótico, corresponde a la Catedral de Nuestra Señora de Chartres, Francia. Levantada entre 1194 y 1250, fue con sus 113 [m] uno de los edificios más altos de su tiempo. Edificada sólo en piedra y mortero, ha sobrevivido a incendios, terremotos, al paso de la Monarquía, la Revolución, al Imperio, Cinco Repúblicas, dos Guerras Mundiales e inumerables invasiones.
Una de las razones principales de su resistencia subyace en la utilización de altas columnas además de contrafuertes y arbotantes. Este sistema de construcción permitió ganar altura; y de paso la gracia del Señor; sin tener que construir gruesos muros como se realizaba hasta entonces. Esto permitía construcciones mucho más esbeltas y rápidas de construir que las anteriores catedrales románicas. Si quisieramos hacer un paralelo con el mundo actual, las catedrales góticas son al diseño de estructuras por columnas de acero en EE.UU, lo que el románico es al diseño estructural por muros en Chile, El uso extensivo de columnas supuso un aumento cada vez mayor de la altura constructiva, y de paso, una carrera desatada por obtener cada vez más conocimiento entre los albañiles y constructores de la época. Como dato curioso, la catedral de Chartres posee dos campanarios de distinta altura y forma en su fachada principal, donde cada uno representa el Sol y la Luna.

Cabe recordar que toda esta recopilación de conocimiento, fue llevada a cabo de manera empírica y guardada con celo por cada maestro. El oficio se transmitía al aprendiz de confianza y se formaban grandes asociaciones; gremios o guildas; en los cuales estos constructores decidían los pasos a seguir en el mundo de la construcción; tal cual las modernas asociaciones de ingenieros. Así que cabe preguntarse, ¿sabe tanto usted como para levantar una catedral?

































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